Me quede inmovil esa noche, esa inerte noche donde el cielo y la tierra eran sólo uno, un gran espejismo oscuro, tremulo y sin vida... toda la naturaleza se había perdido, todo era marchito hasta mis manos arrugadas y sucias las cual observaba cuando al lado de un anden mi cuerpo agotado descanzaba.
Tal vez era el fin del mundo, de mi mundo pues cada paso que daba parecia que me arrastraba, me perseguia como un afluente de aguas nauseabundas, llenas de cadáveres putrefactos como mi cuerpo, como el de todos... Todo era húmedo y las manos y los pies arrugados se congelaban y todo el agua nos cubría, a mi y a este mundo, a este mundo sin vida pero con lluvía, con mucha lluvía, con pavor y sin esperanza, con creencias pero sin dios, tú no sabes como empezo todo esto, tú no sabes como el agua cubrío todo, yo lo se y yo lo he vivido... Empezó a llover un día en que el sol se posaba en lo más alto del infinito, en lo más alto de mis pensamientos, las gotas parecían lágrimas como cuando tu sangre llora por el amor perdido y tú no puedes evitarlo, porque sólo caen y se dispersan por todos lados y te cubren y te enfrian y se penetra en ti la muerte lentamente, tan lentamente que tu respirar se confunde con los lamentos del viento y tus gritos con los rayos del que arrea los caballos de la carroza en el cielo y nada se acalla y todo se pierde... te pierdes tú cuando corro y no te encuentro, cuando los ángeles no bajan y el cielo se sigue derrumbando y los arboles danzan y al llegar al fin de su vaiven caen al suelo y las raices y su tierra se vuelven barro, el que me cubre y me ensucia, me toma y me enluta.
La calma llega y el cielo sigue oscuro al igual que la tierra, sólo queda el fuego que ya casí es ceniza, me derrumbo en la calle, la civilización esta perdida, como tú y como yo en la espera de que alguien nos encuentre, nos cobije y limpie y así por fin entender que las gotas no son lluvia sino sufrimiento... mucho dolor... demaciado.
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