i… ya comprendo todo, no es necesario hablar más. Qué dices, qué yo busque esta respuesta. No lo creo, no es cierto… tu me empujaste a esta caótica situación. ¿No lo entiendes?. No, yo lo comprendo, entonces ¿Qué haces acá?... ah, comprendo, me esperas, ¿para qué lo haces?... ahora callas, vienes a buscarme en la noche, a mi cama, con el helaje de la muerte en tu costado y quieres que no piense nada… no lo hago, ya no pienso, ya no siento, ni respiro aunque trato de hacerlo, tu vienes con tus mejillas pálidas, con tus manos frías, con tu cabello sobre tu rostro casi desecho por el tiempo, me despiertas, me insultas y quieres simplemente que duerma mientras la muerte te toca, te envenena, te perturba, te recibe y me recibe a mi por dejarte entrar, por dejarte subir a mi cama, a mis pensamientos, a mi sueños… a todo lo que envuelve la madrugada.
Si, es tarde, y si… aún quiero que vengas, aún la noche es clara, más clara que de costumbre, la niebla se levanta con el insomnio que tú provocas, nuevo insomnio, la verdad ya había olvidado tu ser, tu completo ser, ¿cómo pude hacerlo?, es fácil, realmente fácil, ese día que te encontré de bruces contra el mundo y abandonaste la vida, la vida que te brindaba, la vida que se colapsa con tu historia, con tu imagen, con tu ideal percepción de belleza, que no poseo, ni tú ahora, ahora que abandonas todo y te pierdes en la brumosa amnesia.
¿Qué, cómo puedo decir eso?, ¿Acaso tu no lo has hecho ya?, has dicho más, tanto que creí desvanecerme en las mesas donde te olvido, donde el café se derrama, donde la imagen se convierte en triste alucinación y lloro, como los días creídos noches y madrugadas como esas en que te esperaba tomando licores, caros licores con paupérrimas ambiciones, no hacia a ti, sino antiguos amores que me dieron lo que tu nunca pudiste darme… libertad. Si, yo se que nunca pusiste grilletes en mis manos, pero que pasa con los que se enredan en cada fibra sensible, en cada meticulosa necesidad de huir y no sentir, ni engrandecer lo inevitable, me refiero a ti a lo que haces sentir con la muerte y la oscuridad de tus ojos claros, de tu vida hecha miseria, de los pasos que no son ni tuyos ni míos, ni nuestros, sobre todo eso jamás serán nuestros.
Es claro, ya debes irte, en este instante, es muy tarde y todo se cuela tras las paredes mohosas, el invierno cada vez esta más constipado, tan enfermizo que creo que llegas en la madrugada, son las 3.30 y espero a un ser vivo, un ser que tu no eres, él se acuesta a mi lado en las ocasiones donde tu maltratas con tu furia absurda, que ni tu entiendes, que ni yo pude… no, no te estoy acusando, ya no puedo hacerlo te pierdes en cada maldito recinto sensato, y no dejas nada más que el sabor amargo, sabes a muerte, sabes a maldición lluviosa, tan agreste como tu mirada carcomida por las vanidades humanas, maldito ser que se despliega entre miradas cautelosas, en encuentros sin precedentes, ninguno, ni importa si los hubo.
Los minutos pasan y no te vas, ¿qué quieres que diga? Ya he dicho lo más significativo, vete. Por favor no invadas la penumbrosa habitación que nos cobija, mueres y te alejas, mueres entre el roció de la mañana y la lluvia gruesa del medio día, y de la noche, noche sin luna con la neblina que se levanta, que te rodea indicándote el camino de vuelta… si, ese es, vete… simplemente vete y lleva contigo los encuentros casuales… los destinos son forma.
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